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Familiar cuidador: ¿Envejecer es deprimirse?

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Fotografía por dark_ghetto28 con licencia de atribución de Flickr.

  Una de las principales preocupaciones de una persona que cuida a un adulto mayor es si los cuidados que ofrece los hace de la manera correcta o si podría estar haciendo más por mejorar la vida de su familiar. Esto puedo ocasionar que se preocupe tanto porque los cuidados se hagan de una manera más profesional y se olvide de las necesidades afectivas de la persona, y es que muy por encima de que los cuidados se hagan con la técnica perfecta, los adultos mayores prefieren cuidadores afectuosos que ofrezcan un apoyo emocional.

  A veces pensamos que durante el proceso de envejecimiento es natural que los ánimos decaigan y afloren sentimientos de tristeza y soledad; esto no podría ser más erróneo. La tercera edad y la depresión procesos distintos y es negligente pensar que por el avanzar en los años uno se debe de deprimir. Cuando un cuidador detecta síntomas de depresión como sentimientos de tristeza, poco deseo de realizar las actividades que antes le resultaban placenteras o llanto inexplicable, debe de ponerse alerta.

  Aunque envejecer no es sinónimo de deprimirse, el adulto mayor experimenta algunas preocupaciones y temores que lo pueden llevar a cultivar este estado de ánimo. Por ejemplo, miedo a volverse cada vez más dependiente o a quedarse solo, sobre todo, tras la muerte del cónyuge. Por ello es tan relevante el papel del familiar cuidador, pues únicamente este es capaz de  ofrecer el apoyo emocional necesario para aliviar estos pensamientos que pueden desanimar a la persona añosa. Esto no implica desacreditar o descartar los servicios de asistencia profesionales (que son una gran herramienta si se puede acceder a ellos) si no de combinarlos con el cariño y confort que será difícil conseguir de parte de un cuidador formal que no tenga un vínculo afectivo con el adulto mayor al que cuida.

  Las personas somos seres sociales, siempre buscamos una red social a la que nos podamos integrar. Uno de los retos para el adulto mayor es buscar un nuevo grupo donde pueda conversar, compartir intereses y cultivar amistades. Generalmente, cuando como cuidador buscamos un servicio de cuidados para nuestro familiar este es uno de nuestros principales motivantes. Sin embargo, no debemos sobreestimar los efectos de una red social amplia pues incluso estando rodeado de una gran cantidad de personas podemos llegar a sentirnos solos.

  Cuando se trata de los vínculos y las relaciones interpersonales, en el adulto mayor la calidad puede llegar a pesar más que la cantidad. Por supuesto que trae tranquilidad saber que hay varias personas a las que se puede acudir en caso de una emergencia pero es reconfortante saber que contamos con al menos una persona en caso de que necesitemos ayuda más prolongada.

  Al hablar de vínculos, depresión y envejecimiento debemos tener claro el papel del cuidador que actuará como sensor para detectar posibles complicaciones que tengan que atenderse por profesionales de la salud en caso de ser necesario. Siempre es importante recordar que Ser Mayor es vivir a lo grande.

  En resumen para el cuidador: tal vez el apoyo que puedas ofrecerle a tu familiar tenga limitaciones en la técnica y el profesionalismo, sin embargo eres el único que puede otorgarle una sensación de apoyo, calidez y contacto emocional que prevenga síntomas de depresión y pensamientos de soledad, esto fomentará la calidad de vida y estrechará aún más tus vínculos afectivos con tu familiar.

psicologos Christian Núñez, Psicólogo

Depresión, vínculos y envejecimiento

Depresión, vínculos y envejecimiento

Fotografía SaraiRachel con Licencia de atribución de Flickr Creative Commons

  La relación que tiene la depresión con el envejecimiento está bastante estereotipada, es muy común pensar que los adultos mayores van a presentar siempre sentimientos de tristeza y añoranza por el pasado. Sin embargo, se puede abordar el tema con un nuevo paradigma: el adulto mayor generalmente es una persona sana y no tiene porque estar deprimida.

  Existe la creencia de que si una persona tiene pocos amigos o familiares será más propenso a estar deprimido, esto también es un mito. La cantidad de vínculos no es tan importante como la calidad de los mismos. La calidad de los vínculos para el adulto mayor está dada en base a la existencia apoyo y ayuda; no a una gran cantidad de personas cercanas (Carrasco, Herrera, Fernández y Barros, 2013).

  Investigadores en Santiago de Chile se propusieron determinar el efecto que tiene la estructura familiar actual en la aparición de quejas depresivas en adultos mayores de su comunidad, para ello entrevistaron a 394 personas mayores de 60 años que residían en la zona urbana que no presentaban deterioro cognitivo significativo (Carrasco, et al. 2013).

  Es importante conocer cualquier causa que propicie la aparición de la depresión, pues como remarcan los autores del estudio, la depresión es un factor limitante para el potencial del adulto mayor, pues se asocia en el deterioro de la calidad de vida, aumento de discapacidad y mayor riesgo de contraer otras enfermedades (Carrasco, et al. 2013).

  El estudio demuestra que la edad no está asociada con la depresión, a menos que se conjuguen con otras condiciones tales como: discapacidad, autopercepción de la salud y autoeficacia, pero estos resultados pueden aplicarse solo a personas que experimentan un envejecimiento normal (Carrasco, et al. 2013).

  La próxima vez que veamos a un adulto mayor con desánimo o que nosotros mismos presentemos algunos de los síntomas de la enfermedad (por ejemplo, desinterés en realizar actividades que antes disfrutábamos, pensamientos negativos sobre nosotros mismos o sobre el futuro) no se los atribuyamos a la edad, son focos rojos para buscar apoyo y hablar con alguien al respecto.

Referencias.

Carrasco, M., Herrera, S., Fernández, B., y Barros, C., (2013) Impacto del apoyo familiar en la presencia de quejas depresivas en personas mayores de Santiago de Chile. Revista Española de Geriatría y Gerontología. 48 (1), 9-14.

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psicologos Christian Núñez, Psicólogo

Adulto mayor, ¿para qué un proyecto de vida?

Proyecto de vida

Fotografía de TheAches con licencia de atribución de Flickr.

  El proyecto de vida es una capacidad que poseemos los seres humanos para vernos a nosotros mismos como nos gustaría ser en un futuro, con el fin de dar sentido a la vida. No hay una guía de cómo debe ser un proyecto de vida, este debe ser individual y basado en los sueños que cada persona tiene. Definitivamente no es algo que se encuentre en el exterior, lo que implica que la persona se debe volver dueña de sí misma y construirlo a través de la propia reflexión, puede, por ejemplo, revisarse los sueños adolescentes que no se tuvo tiempo de realizar (Flores, 2011).

  El adulto mayor se enfrenta a un reto muy grande para desarrollar un proyecto de vida: el estigma de una sociedad que considera que el adulto mayor ya no puede hacer las cosas. Algunas de estas actitudes llegan a caer en la discriminación a la que se le ha denominado viejismo y que involucra todos las conductas sociales negativas hacia las personas adultas mayores (Pérez, 2011). Muchas veces esto se debe a que el adulto mayor es concebido como carente de obligaciones que le puedan brindar un status, ya que en la sociedad actual las obligaciones son principalmente del tipo laboral y al encontrarse fuera de la población activa, se les priva y se les estigmatiza (Moragas, 2004).

  Todo lo anterior puede manifestarse en pensamientos o frases como: “¿para qué estudio?”, “¿para qué hago deporte?”, “¿para qué cuido mi salud?”, “¿para qué…?” Que a su vez puede traer sentimientos de depresión y de tristeza. El primer paso en es darse cuenta de que el adulto mayor, como cualquier otro ser humano, tiene derecho a soñar y romper ese estigma de inutilidad que la sociedad le ha cargado (Flores, 2011).

  Sin embargo, muchas veces este tipo de creencias devaluatorias (e irracionales) se encuentran profundamente arraigadas en las personas, por lo que puede considerarse necesario acudir con algún especialista o consejero. Existen actualmente muchas formas de trabajar con este tipo de pensamientos y uno de ellos consiste primeramente en identificarlos para poder cambiarlos.

  Aunque el desarrollo de un proyecto de vida es una tarea ardua , es necesaria para darle un sentido a cada uno de los días (Flores, 2011). Es una tarea individual y cada persona deberá planificarlo en base a su propia experiencia y sus sueños. Para el adulto mayor, aunque se presenta como un gran reto, es indispensable para poder sumarle calidad de vida, bienestar y satisfacción a su existencia. ¡Grandes personas requieren de grandes proyectos de vida!

Bibliografía.

Flores, M. (2011) El dispositivo grupal: elemento para generar un proyecto de vida en la tercera edad. Quintanar, F. (2011) Atención psicológica de las personas mayores. México. Pax.

Moragas, R., (2004) Gerontología social. España: Herder.

Pérez, R. (2011) La construcción subjetiva del envejecimiento. Proyecto de vida e imaginario social en la clínica psicológica con mayores. Quintanar, F. (2011) Atención psicológica de las personas mayores. México. Pax.

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psicologos Christian Núñez, Psicólogo